Saturday, August 31, 2013

"Veneno: cuatro cuentos de amor y otros delitos"

Se acaba de publicar un libro digital mío en Amazon. Se llama Veneno: cuatro cuentos de amor y otros delitos. Es un libro breve, pero el precio también es reducido. Se los recomiendo.

Esta es la cubierta, diseñada por un talentoso artista gráfico, Carlos López Angleró.


Pueden ver el libro aquí:

Desde ese enlace, pueden pedir una muestra gratuita o incluso comprarlo. Cabe aclarar que no se necesita un dispositivo Kindle para leerlo. Basta con bajar el programa Kindle en prácticamente cualquier dispositivo (PC, Mac, iPhone, iPad, Android). El programa es gratuito. Uno lo abre con la cuenta que uno tenga en Amazon, y puede enviar el contenido del libro directamente al dispositivo. Es más, también se puede usar el "Kindle Cloud Reader" para leer el libro en el navegador de Internet, sin tener que descargarlo a un dispositivo.

Friday, August 30, 2013

Búsqueda

Búsqueda [remake]

—Lo veo —dijo la clarividente—. Está en ese parque nuevo, junto a la autopista.

Los padres se abrazaron de la emoción. La clarividente les dio la ubicación precisa del niño.

—Gracias— dijo el padre. Sacó una chequera y con la mano temblorosa llenó un cheque por la cantidad acordada. Se lo entregó a la mujer.

Wednesday, August 28, 2013

45,000 visitas


No sé si es un hito, pero por lo menos es un número redondo: 45,000 páginas visitadas. Hace un par de días este blog llegó a esa cifra.

Me imagino que hay portales que reciben ese número de visitas en una hora, pero la cifra me pareció significativa. Traté de pensar en ese número de personas en un solo lugar, y, sí, es grande. O si súbitamente irrumpiera en la casa de uno ese número de hormigas y, sí, también es grande.

Así que comparto el dato. Gracias a todos los que se pasean o se han paseado por aquí.

Tuesday, August 27, 2013

Clara Rojas, "Cautiva"

Clara Rojas, Cautiva. Testimonio de un secuestro. Nueva York: Atria Español (2009), 244 pp.

Esta entrada es en realidad un epílogo para otra de hace unos días, sobre el libro de Ingrid Betancourt. Clara Rojas compartió gran parte de la experiencia de secuestro de Betancourt, pero sus obras muestran lo diferentes que pueden ser los testimonios de vivencias semejantes.

La textura de los libros es muy distinta. El lenguaje que usa Rojas es técnico, restringido, formal. Uno de los momentos más descriptivos del libro es este, sobre la noche en la selva: “En la selva, a partir de las 6:30 p.m. empieza a caer la noche, que tiene varias fases. Primero la del ruido, cuando emergen las chicharras, los grillos, las luciérnagas, los sapos y un sinnúmero de animales, que provocan a veces tal alboroto que se asemeja al tráfico. A eso de las siete, empieza a disminuir el estruendo y se impone la oscuridad, tan espesa que no se alcanzan ni a ver los dedos de la propia mano. De las ocho hasta las dos de la madrugada es la fase del silencio; y de las dos hasta el amanecer, la del frío” (pp. 43-44). Es ilustrativo comparar este párrafo con una descripción semejante que cité en la entrada sobre el libro de Betancourt.

Saturday, August 24, 2013

Muñe

Muñe [remake]

Se conocieron en Facebook cuando ambos se hicieron parte del grupo Puerto Rico Ama a Elvis Presley. Ella notó que él subía citas de poemas, de canciones de antes, de Hostos. Eso le gustó. Además, él era como ella: muy reservado. Él se llamaba Diego, pero no compartía su apellido. Ninguno de ellos subía imágenes y no les gustaba hablar de sí mismos. A ella le encantaba que él fuera así. Su exesposo era todo lo contrario.

Con el tiempo, llegaron a dejarse mensajes en el muro. Se mandaron mensajes privados. Por la noche, mientras su hijo hacía trabajos para la universidad, ella iba a la oficina en el segundo piso de la casa a chatear con Diego.

Un día, en el chat, ella le confesó que estaba enamorada de él.

Thursday, August 22, 2013

Clifford Garstang, "In an Uncharted Country"

Clifford Garstang, In an Uncharted Country. Winston-Salem: Press 53 (2009), 186 pp.

I read the first story in this collection, “Flood, 1978,” over two years ago. I left a bookmark, and placed the book tepidly on a shelf awaiting a second go at the right time. And that time came a few days ago, after which I wolfed down the whole collection. “Flood, 1978” still didn’t do much for me upon revisiting it, but the second story, “Saving Melissa,” was strong enough to keep me reading the rest of the anthology.

There are things I liked throughout the book. The dialogues were well executed, both credible and revealing. Some descriptions were right on the mark, such as this one, about a character who thinks about his dead mother: “She’d been gone so long. He tried to remember, but the image of her he conjured was distorted, as if through thick glass” (p. 177). The descriptions of nature (floods, snowstorms, woods, fields) are luscious and believable. The vignettes of small-town life are well done. The events in some stories put characters to the test—and drive readers to the edge of the seat. The author is also capable of producing pathos, as he does with the scene of a woman who fades away in her husband’s arms (pp. 12-13), or with a passage in which a man pets his dead dog (p. 163).

All in all, there were three stories I liked best.

Monday, August 19, 2013

Órganos

Órganos [remake]


Algo me pica en el brazo. Es la aguja con la que me están inyectando la anestesia. Las dos enfermeras salieron de la sala, y estoy a solas con el médico.
—¿Todo va bien, doctor? —pregunto desde la camilla.

Saturday, August 17, 2013

Ingrid Betancourt, "No hay silencio que no termine"

Ingrid Betancourt, No hay silencio que no termine. Trad. María Mercedes Correa y Mateo Cardona. Doral, FL: Aguilar (Santillana Publishing Company) (2010), 710 pp.


Parece que casi toda la literatura que uno lee hoy en día se puede meter en una de dos bolsas. Bolsa número 1: literatura muy bien escrita, muy fina, muy trabajada, que habla sobre nada, sobre cosillas vulgares o sobre las rutinas que forman la vida de los trabajadores de oficina o de los estudiantes/profesores universitarios del siglo XXI. Aquí caben los relatos infinitos acerca de epifanías en un bus o en un café, los n-mil cuentos que se hacen reorganizando las técnicas aprendidas en un taller (ver esto), las historias que parecen pasar la cotidianidad del ciudadano promedio de las clases medias contemporáneas por un espejo que la devuelve glorificada o condenada a través de ligeras distorsiones.

Y la bolsa número 2: historias buenas, movidas, imposibles de soltar, que presentan a personas en situaciones extremas, que se atreven a confrontar lo inusual, lo agreste, lo radical. Son historias de las que uno no puede dejar de hablar mientras las lee y que enamoran incluso a quienes las escuchan contadas por un tercero. El lío es que suelen ser historias que atentan tanto contra el gusto “literario”, a las que se les notan las costuras demasiado, que se apoyan sobre el lenguaje obvio y gastado tanto como un francotirador lo hace sobre los codos. Y se ganan así una fama que hace que sea mejor que los críticos del mundo ni lo vean a uno leyéndolas. A veces ni hay que esconderlas del amigo que tiene gustos refinados porque al ojearlas uno las suelta como si se tratara de un paño infectado de una viruela letal. Son cosas que en ocasiones es imposible soportar más allá de una oración. A esta bolsa pertenecen —al menos en parte— los Twilights del mundo, las “novelizaciones” (ver esto)… en una sola palabra, los bestsellers. La gente los disfruta, mientras que unos pocos se quedan preguntándose por qué.

Ahí están, pues, ambas bolsas. No todo lo que uno lee cabe en una o en otra, pero qué cantidad de literatura sí cae, nítidamente, en alguna. Claro, hay genios que logran convertir una situación extremadamente cotidiana en una obra maestra (como hace Raymond Carver en “Cathedral” o Cortázar en “Autopista al sur”). Hay autores que logran hacer novelas suficientemente extremas, ásperas, cruciales, sin abandonar las sutilezas de la técnica. Es el caso de mi novela favorita del 2012, What Happened to Sophie Wilder, y de casi toda la obra de Coetzee. Hay otras que sencillamente no se dejan meter en ninguna de estas bolsas, como las mejores novelas de Vonnegut.

Todo esto es una larga introducción para el libro que más me ha sacudido en los últimos años. Es otro libro que alguien quizás se apresurará a depositarlo en la bolsa número 2, pero si se concede media onza de paciencia no se atreverá a hacerlo.

Saturday, August 3, 2013

Orson Scott Card on Writing (Four Quotes)



“I learned to separate the story from the writing, probably the most important thing that any storyteller has to learn—that there are a thousand right ways to tell a story, and ten million wrong ones, and you’re a lot more likely to find one of the latter than the former your first time through the tale.”

“I have a master’s degree in literature, and in writing Ender’s Game I deliberately avoided all the little literary games and gimmicks that make ‘fine’ writing so impenetrable to the general audience. All the layers of meaning are there to be decoded, if you like to play the game of literary criticism—but if you don’t care to play that game, that’s fine with me. I designed Ender’s Game to be as clear and accessible as any story of mine could possibly be. My goal was that the reader wouldn’t have to be trained in literature or even in science fiction to receive the tale in its simplest, purest form. And, since a great many writers and critics have based their entire careers on the premise that anything that the general public can understand without mediation is worthless drivel, it is not surprising that they found my little novel to be despicable. If everybody came to agree that stories should be told this clearly, the professors of literature would be out of a job, and the writers of obscure, encoded fiction would be, not honored, but pitied for their impenetrability.”

“Why else do we read fiction, anyway? Not to be impressed by somebody’s dazzling language—or at least I hope that’s not our reason. I think that most of us, anyway, read these stories that we know are not ‘true’ because we’re hungry for another kind of truth: The mythic truth about human nature in general, the particular truth about those life-communities that define our own identity, and the most specific truth of all: our own self-story. Fiction, because it is not about somebody who actually lived in the real world, always has the possibility of being about ourself.”

“This is the essence of the transaction between storyteller and audience. The ‘true’ story is not the one that exists in my mind; it is certainly not the written words on the bound paper that you hold in your hands. The story in my mind is nothing but a hope; the text of the story is the tool I created in order to try to make that hope a reality. The story itself, the true story, is the one that the audience members create in their minds, guided and shaped by my text, but then transformed, elucidated, expanded, edited, and clarified by their own experience, their own desires, their own hopes and fears.”

(from the introduction to Ender's Game, 2010 Kindle edition)