Friday, October 9, 2009

A Deep Bite

I’m not exactly a fan of vampire literature. But, heck, so many people are these days that it’s up there as a major cultural phenomenon. The bookstore I visit most frequently has a whole flank that houses vampire books (of course, Stephanie Meyer has her own glimmering niche); people write down their name and number on pads, waiting to be called when the books they’re craving get in. Writers have been commenting on this in the papers (like so). Short blog posts have ignited involved discussions on vampire popularity, with some people saying it’s nothing new, and others claiming it is. On top of all this, someone in my family has joined the ranks of authors writing vampire novels—with enough success to prompt sequels.

So I wonder what’s behind the immense popularity of vampire literature. Industry reports must have very detailed answers, but I had a hazy, makeshift explanation of my own. My guess was that it had something to do with blood, and that it had something to do with materialism. There must be a cyclical fad element to it, too, but I’ll leave that aside for now.

First, there’s blood. Many cultures have turned blood into all sorts of lasting, profound symbols. Take the Bible, for instance. In the Bible, blood is deeply tied up with the very idea of life. When Cain killed Abel, it was Abel’s blood that cried out from the ground. Also, spilling human blood is understood as a sin so heinous that it cannot be compensated with money. Blood must be let out of dead animals in order to eat them the biblical way. And it’s not just in the Bible. Margaret Atwood, in chapter 6 of Negotiating with the Dead, musters quite a bit of evidence that points to blood as the quintessence of that which the dead seek, and thus finds in it a point of connection between the world of the living and the world of the dead.

So eating blood, particularly human blood, is an especially charged symbolic act. That is appealing in itself, but transgression, generally considered provocative, makes it more so.

Second, there’s materialism. Vampires are perfectly attuned to our deeply materialistic age. They live forever, they can stay beautiful, they can hoard riches and have passionate relationships. People can relate to that; they can even crave that and want to become that. One can see why someone would want to identify with Lestat, but, really, who would want to swap places with zombies or with Frankenstein? Vampire literature seems to resonate quite well with teen readers, and no wonder, in an age group anxiously concerned with looks and belonging and attaining. Imagine that, having youthful beauty forever—and all sorts of power (over your elders, say) and status symbols, too. It’s a way to beat death and stay fleshful—even if one person’s success is paid for with other people’s blood. It starts to sound like a warped and savage form of capitalism. Bottom line: sadly enough, we can relate.

That’s my half-baked theory. Maybe it holds water. Having said that, a couple of days ago I discovered a book that I’d have to read if I wanted to pursue this further. It’s called The Vampire Archive, edited by Otto Penzler, and it was published this year. It holds over a thousand pages of vampire stories, from classics like LeFanu and Stoker to modern masters of the genre like Stephen King. I was surprised to find some names in there I would’ve never associated with vampires, like Arthur Conan Doyle, Ray Bradbury, Ambrose Bierce, and John Keats. The anthology really deserves a closer look.

Plus, the opening pages (courtesy of Kim Newman, Neil Gaiman, and Otto Penzler) were revealing. For instance, Newman shows that, despite a millenarian history of blood-drinkers, our modern notions of vampires come from a single man: John Polidori. Polidori wrote up Lord Ruthven in his 1819 novel The Vampyre, and thus spawned the now familiar “coldhearted, sophisticated, aristocratic fashion plate who indulges in a style of melodramatic villainy.” (By the way, Polidori’s novel came out of the same bet that goaded Mary Shelley to write Frankenstein; Penzler calls that night “perhaps the most significant single moment in the history of supernatural literature.”) Of course, Bram Stoker, propped on LeFanu’s “Carmilla,” made Polidori's icon more long lasting through Dracula, which was not as wildly popular when it first came out as it became later. Newman traces how vampire literature strayed from horror literature in general and became its single most successful offspring. Few significant vampire novels were written in the mid-twentieth century, but vampire literature flared up again in the 70s, with Stephen King’s Salem Lot, Fred Saberhagen’s The Dracula Tape, and Anne Rice’s Interview with the Vampire. All of this is worth looking into. And The Vampire Archives seems like a great place to look first.

9 comments:

  1. Yo creo que la popularidad se debe a que la generación Emo-GothTardío ya alcanzó la suficiente edad para tener poder adquisitivo. Eso por un lado. También entran ahí los que crecieron jugando Vampire, The Mascarade y demás juegos de WoD. Los nerds tienen mucha plata hoy en día.

    Por otro lado, y ya centrándose en el libro de la señora mormona, los libros de vampiros se han convertido en la herramienta ideal para propugnar vidas castas y moralismos. Nada más de moda en USA que volverse conservador, religioso y virgen renacido. Por alguna razón el Vampirismo les parece más coherente con el cristianismo que las brujerías de Harry Potter. Eso es algo que yo nunca lograré entender. (Por aquí escribí un texto (con clara intención burlesca) al respecto.)

    En general me parece un fenómeno político-sociológico interesante pero con poco valor literario en general. El género vampírico es tremendamente restrictivo y reiterativo. Hay algunas cosas bonitas pero son la excepción y están lejos de ser la razón que explica el auge de la vaina.

    Prefiero, si hay que elegir modas, la explosión de la literatura detectivesca escandinava.

    (Ahora me preparo para ser empalado por su prima, que tiene a Bram Stoker por profeta.)

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  2. interesante este analisis, estube tratando de leer un libro de vampiros dado su auge y quiza por eso por su frivolidad o materialismo me ha dado mucja mamera leerlo

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  3. Es más o menos convincente tu teoría en cocción, pero creo que la mía se parece más al argumento de Javier (qué buen artículo).
    Me parece que el público para historias de vampiros (cine, teve y libros --que no literatura--) va cambiando un poco con cada nueva ola de fama para el género, y me parece que el público actual son, en su mayoría, chicas adolescentes y un poquito mayorcitas encantadas con los vampiros guapos, que vienen siendo la versión moderna del príncipe azul (y sus significados). Y este target group siempre ha tenido el poder adquisitivo de la billetera de papá. Especulo, claro, pero sospecho que el materialismo tiene más que ver que la sangre.

    Además de esto, este tema me da pie para ventilar un asunto que tengo en mente, sobre los libros que se escriben pensando en hacerlos película. Yo no he leído ninguno de los de Meyer, pero supongo que mientras los escribía tenía pensados los actores y el script. Sí leí los tres volúmenes de El señor de los anillos cuando estaba en la universidad, y nunca pensé que se pudiera hacer una --tres-- película con ellos, pero tengo un recuerdo reciente mientras leía The Road' casi, casi, pude ver a Vigo Mortensen en ese papel, y ahí está. ¿Te parece que es casual o intencional? Y perdoná por darle este giro al tema.

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  4. Mónica: Aunque le pregunta a Federico meto la cucharada: yo no creo que los libros de Meyer hayan sido pensados para volverse películas. Ni tampoco los de Rice ni los de Harry Potter. Me parece, más bien, que el cine ahora mismo forma más narradores que la misma literatura y por eso es común sentir, al leer ciertas novelas (especialmente de autores primerizos o con pocas lecturas), que estamos ante una puesta en escena literaria de una secuencia cinematográfica (incluyendo actores y demás.) Es simple falta de recursos. No dudo que haya algunos autores que de verdad tengan la película el mente mientras escriben sus historias, pero sospecho que son una minoría.

    (El fenómeno de The Road que describe no lo sé explicar: McCarthy no es ni primerizo ni falto de lecturas. Francamente dudo que haya pensado en una película cuando escribió ese libro de la misma manera como probablemente no pudo predecir su inusitado éxito. Es chistoso que un señor que se dedica años y años a escribir novelas densas y largas sobre la vida salvaje de la frontera y el sur termine volviéndose un megabestseller con su libro relativamente corto de ciencia ficción postapocalíptica (género en el que había escrito apenas una novela más, si acaso, al principio de su carrera).)

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  5. Javier: Me interesa tu lectura del éxito de estas novelas como una consecuencia de que un grupo de personas que se crió con los vampiros ahora tiene poder adquisitivo. Lo que no me cuadra del todo es que, como dice Mónica, la mayoría del público (que he visto, por lo menos) para esta literatura se compone de mujeres adolescentes y tenuemente postadolescentes. Así que tal vez los que tienen poder adquisitivo y les financian a ellas las novelas son sus padres, otrora amantes de lo gótico y ahora solventes ejecutivos.

    Como lo dijo Mónica, estuvo bueno tu análisis de estos libros como herramientas para promover la castidad. Sobre Meyer, no puedo hablar de nada distinto a la película Twilight, porque me prestaron el libro durante un tiempo y nunca me armé de suficiente interés para leerlo. Sin embargo, tu análisis me pareció muy pertinente para la película. Aunque, si no estoy mal, aquí lo que está en juego no es "el que beba de mi sangre", sino "el que deje que yo beba su sangre"... En todo caso, siempre había tenido la duda de cómo eran compatibles el mormonismo de Meyer con su calidad de escritora de novelas vampíricas, y tu análisis me pareció muy convincente. Ciertamente estas novelas han sido mejor recibidas por sectores conservadores que las de Harry Potter: recuerdo haber visto grupos conservadores en EE. UU. haciendo quemas públicas de los libros de Harry Potter hace unos años.

    Curioso que hagás la comparación con las novelas policiacas. El editor de The Vampire Archives es a su vez editor de una colección grandísima de cuentos detectivescos: es esta. Te confieso que me interesaría leer ese libro antes que el volumen de vampiros.

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  6. Angry Girl: Gracias por el comentario. Yo he leído un par de novelas de vampiros. No soy un fanático del género, que, como dijo Javier, tiende a volverse repetitivo. Me imagino que el furor actual también tiene algo que ver con lo que dijo Mónica: esta es la nueva encarnación del príncipe azul. En todo caso, confiaría en que alguien como Stephen King pueda hacer algo bueno con el género, así que me le mediría a Salem's Lot.

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  7. Javier y Mónica: Interesante la discusión sobre el potencial cinematográfico de las novelas. No sé si Meyer pensó en la película al escribir el libro, pero me parecería increíble que ahora deje de pensar en las películas cuando escribe. Creo que lo que dice Javier es muy cierto: mucha gente que escribe se ha formado con el cine. Eso no es necesariamente malo. Hace poco leí (creo que en una entrevista a James Wood) que una generación entera de escritores norteamericanos se formó leyendo comics. Todo eso puede servir (hoy en día, creo que debe servir) como un complemento, pero también puede empobrecer los recursos literarios, como lo dijo Javier.

    Javier: Buena descripción de la paradoja McCarthy.

    Ah, Javier: no le trazaré una genealogía literaria a Carolina (ver la pregunta sobre Shakespeare, aquí), pero sí te puedo asegurar que no hará con vos lo que hacía Vlad con sus enemigos.

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  8. Federico: No, "el que beba de mi sangre" es correcto: Lo que convierte a los humanos en vampiros en la mitología mormona (¡ja!) y (más o menos) en casi cualquier otra versión del mito vampírico no es dejarse tomar la sangre, sino dejarse tomar la sangre y luego beber la sangre del vampiro (creo que esto último es suficiente en algunas ocasiones; por ejemplo el protagonista de Twilight se vuelve vampiro porque un vampiro lo salva de la muerte dándole a beber su sangre (sin alimentarse de él previamente). En ciertas mitologías el vampiro desangra a su vástago potencial y luego, al borde de la muerte, lo alimenta con su propia sangre). Si el vampiro muerde pero no es mordido, la víctima simplemente muere. Para ganar la vida eterna hay que beber sangre de aquel que ya la tiene, i.e. el crucificado y su descendencia "hemotariana".

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  9. Javier: Gracias por la aclaración. Yo tenía un recuerdo muy vívido de que a Cullen (el protagonista de Twilight) sí lo mordían (y que esto era un requisito necesario de la transformación), sólo que el vampiro tenía que restringirse y dejar de morder. Debe ser en ese momento en que interviene la sangre del vampiro mismo, como lo señalaste. Ahí se refuerza la conexión soteriológica que propusiste.

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